Walter E. Williams, profesor de economía de la George Mason University, recientemente publicó un artículo donde llama al recalentamiento global una religión. Irónicamente, procede entonces a atacar a esta 'religión' con un fervor que a veces vemos en ciertos misioneros protestantes.
Williams alega que "es estúpido pensar que las actividades humanas pueden lograr cambios en la temperatura terrestre." Procede a poner como ejemplos la era glacial y la imposibilidad de los seres humanos de detener tsunamis y huracanes.
Así mismo, cita un impresionante aumento en la población de osos polares, una de las especies más amenazadas por la reducción de los casquetes polares. De donde obtuvo esa información, no sabemos, pues el señor no cita sus fuentes. Hoy en día se estima una población global de 25,000 osos polares. ¿Cuantos había en 1960? No sabemos, ya que aun hoy se trata de una especie que habita un territorio poco estudiado. Pero aun así, de las 19 'colonias' de osos identificadas, ocho están en franco declive, tres se encuentrasn estables, y solo una está creciendo. De las siete restantes, se tienen pocos datos. ¿De donde, pues, obtiene el dato de un aumento en la población total? Debe tener espías entre los osos polares. Pero bueno, no son los osos el punto de su ensayo ni del mío.
Sobre su reclamo de que es arrogante el pensar que los seres humanos no podemos alterar el clima, comenzaría por señalar que especies mucho menos difundidas e 'inferiores', como termitas y castores, tienen un efecto medible en los microclimas de las zonas en las que habitan. Los efectos del dióxido de carbono (CO2) como 'trampa de calor' son conocidos desde hace mas de un siglo. Consideremos ahora que los seres humanos no generamos CO2 solamente por actividad bilógica, sino también por actividad industrial. La cantidad de gas que ponemos en la atmósfera cada año es enorme. Y no esta focalizada: no existe país en el mundo que no esté contribuyendo de alguna manera a la producción de gases invernadero.
Williams comete otro error, que ya he señalado en alguna otra ocasión, al hablar de calentamiento global. Usar ese término es darle municiones gratis a aquellos que lo niegan, pues rápido señalan los crudos inviernos que ha padecido Europa y Norteamérica recientemente. ¿Calentamiento global? ¿Y porque tanto frío? La situación no es tan sencilla. Usualmente hablamos de cambio climático pues esa es la situación real. Hace frío donde antes no hacía, donde llovía ahora hay sequía, donde no llovía se padecen inundaciones severas. Es una necedad decir que esto no está pasando, y más aun pretender negar la evidencia científica que la sustenta.
¿Se busca dar miedo? ¿Que se gana con eso? Si hubiera una clara agenda de gasto público en todo el mundo para contrarrestar el cambio climático, tal vez podría darle algo de credibilidad a la teoría de Williams. Pero las economías más grandes se resisten a establecer políticas claras de inversión y acción, como vimos en Copenhague hace unos meses.
Williams habla de los que creen (¡creemos!) en el cambio climático como si fuera una religión fundamentalista, basada en preceptos falsos, llena de seguidores fanáticos. No se da cuenta que él mismo cae en este tipo de actitud al negar tajantemente la posibilidad de que tales hechos sean ciertos. Que hay entre la comunidad científica voces opuestas es una realidad, y una realidad bienvenida a tal caso. Es la disención educada la que genera el choque de ideas que impulsa la búsqueda de la verdad. Pero negarlo absolutamente, oponiéndose a cualquier diálogo, convierte a Williams y quienes comparten su actitud (que no su opinión) en verdaderos y virulentos ateos del cambio climático.
En un afán conciliador, le diría a Williams que mantengo una mente abierta y contemplo la posibilidad de que el cambio climático no se deba a causas humanas. Pero agregaría dos cosas: primero, que dicho cambio es real, como ni siquiera él lo ha negado; y segundo, que tal vez no se deba a causas humanas, pero tal vez si. Tenemos que hacer lo que podamos por frenar e incluso corregir este cambio climático, por nuestro propio bien. La alternativa es no hacer nada y esperar que sea una situación natural y pasajera. ¿Estamos dispuestos a correr ese riesgo?
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viernes, 22 de enero de 2010
lunes, 21 de diciembre de 2009
Hugo Chávez, enemigo del clima
La conferencia de Copenhague llegó a su final. El proceso de dos años que comenzó en Bali ahora se ve extendido un año más y será en México donde las naciones busquen negociar lo que no lograron en Dinamarca. Los dos grupos de trabajo (el que buscaba extender el protocolo de Kyoto y el que buscaba un nuevo acuerdo que incorporara a los Estados Unidos) esencialmente fallaron al momento de llegar a un acuerdo.
Fue una intervención en los momentos finales de la conferencia por parte de un grupo de líderes de los mayores países emisores de carbono lo que impidió que COP-15 fuera un fracaso ignominioso. La aparición de un texto con el que estaban de acuerdo los Estados Unidos, China, la India, Sudáfrica, Brasil y una veintena de naciones más permitió a los organizadores de la conferencia cerrarla con un acuerdo calificado, el cual fue reconocido por los líderes de COP-15, pero que de ninguna manera fué adoptado.
Lo que sigue es la parte importante:
Dado que el COP opera bajo un mecanismo de consenso, cualquier oposición a una propuesta, así fuera de un sólo miembro, significa que su aceptación es imposible. ¿Quién o quienes se opusieron? Bolivia, Cuba, Nicaragua, el Sudán y Venezuela. Es bien sabido que el lider de este último país ejerce una singular influencia sobre los gobiernos de Bolivia y Nicaragua, y, en ausencia de Fidel, sobre el de Cuba. Así que Hugo logró detener algo que es necesario para la humanidad. No sólo para Venezuela, sino para toda persona que habita este planeta.
Durante los últimos años ha quedado claro que, al tiempo que el cambio climático cobra importancia en las diferentes agendas políticas, el debate en la Conferencia de Cambio Climático de las Naciones Unidas (CCCNU, el órgano detrás del COP-15) se ha alejado de una agenda medioambiental en favor de un discurso enteramente político.
Parte del problema fue el intentar hacer dos cosas a la vez: extender Kyoto por algunos años más al tiempo que se buscaba crear un acuerdo simultaneo y vinculante que amarrara a los Estados Unidos. La segunda parte hizo que la primera pasara a n plano secundario. Es opinión de por lo menos algunos asistentes a Copenhague que si el enfoque hubiera sido únicamente extender Kyoto, esto se habría logrado.
Pero el enfoque político que ha tomado esto le da un podio más al presidente venezolano para oponerse neciamente a cualquier propuesta de los Estados Unidos. Venezuela firmó y ratificó el Protocolo de Kyoto en 1997, dos años antes de que Chávez asumiera el poder como dictador. En aquel entonces no debe haber habido gran incentivo para rechazar el acuerdo. Pero hoy, al poder levantarse ufano y con sólo decir 'No' descarrilar lo más cercano a un acuerdo global sobre cambio climático, debe de sentirse la mamá de Tarzán.
¿Es la ciega oposición a las barras y las estrellas lo único que motiva a Chávez? Ciertamente no. Hay un factor más importante aun, si bien más difícil de escudriñar. En la medida en la que el mundo se aleje de los combustibles fósiles, el gobierno de Venezuela irá viendo mermada su capacidad de sostenerse y sostener a sus 'aliados'. La estabilidad en el país caribeño es directamente proporcional a los ingresos que se reciben por vender petróleo. Si el mundo entero decide comenzar a usar autos eléctricos, energía solar, turbinas de viento, y demás fuentes renovables y no contaminantes de energía, el régimen chavista se verá imposibilitado para mantenerse en pie. Sobra decir que con eso, toda la izquierda radical en Latinoamérica perdería un buen pedazo de su fuerza.
Antes he dicho que independientemente de lo que se logre en Copenhague, todos debemos hacer a un nivel local e individual lo que podamos para detener y revertir el cambio climático. Esto tendría el gran beneficio de mejorar nuestra calidad de vida en general y de evitar que ecosistemas enteros se vean alterados irremediablemente. Ahora, hay un beneficio adicional: quitarle poder a Chávez.
A usar el metro y la bici. Venezuela nos lo agradecerá.
Fue una intervención en los momentos finales de la conferencia por parte de un grupo de líderes de los mayores países emisores de carbono lo que impidió que COP-15 fuera un fracaso ignominioso. La aparición de un texto con el que estaban de acuerdo los Estados Unidos, China, la India, Sudáfrica, Brasil y una veintena de naciones más permitió a los organizadores de la conferencia cerrarla con un acuerdo calificado, el cual fue reconocido por los líderes de COP-15, pero que de ninguna manera fué adoptado.
Lo que sigue es la parte importante:
Dado que el COP opera bajo un mecanismo de consenso, cualquier oposición a una propuesta, así fuera de un sólo miembro, significa que su aceptación es imposible. ¿Quién o quienes se opusieron? Bolivia, Cuba, Nicaragua, el Sudán y Venezuela. Es bien sabido que el lider de este último país ejerce una singular influencia sobre los gobiernos de Bolivia y Nicaragua, y, en ausencia de Fidel, sobre el de Cuba. Así que Hugo logró detener algo que es necesario para la humanidad. No sólo para Venezuela, sino para toda persona que habita este planeta.
Durante los últimos años ha quedado claro que, al tiempo que el cambio climático cobra importancia en las diferentes agendas políticas, el debate en la Conferencia de Cambio Climático de las Naciones Unidas (CCCNU, el órgano detrás del COP-15) se ha alejado de una agenda medioambiental en favor de un discurso enteramente político.
Parte del problema fue el intentar hacer dos cosas a la vez: extender Kyoto por algunos años más al tiempo que se buscaba crear un acuerdo simultaneo y vinculante que amarrara a los Estados Unidos. La segunda parte hizo que la primera pasara a n plano secundario. Es opinión de por lo menos algunos asistentes a Copenhague que si el enfoque hubiera sido únicamente extender Kyoto, esto se habría logrado.
Pero el enfoque político que ha tomado esto le da un podio más al presidente venezolano para oponerse neciamente a cualquier propuesta de los Estados Unidos. Venezuela firmó y ratificó el Protocolo de Kyoto en 1997, dos años antes de que Chávez asumiera el poder como dictador. En aquel entonces no debe haber habido gran incentivo para rechazar el acuerdo. Pero hoy, al poder levantarse ufano y con sólo decir 'No' descarrilar lo más cercano a un acuerdo global sobre cambio climático, debe de sentirse la mamá de Tarzán.
¿Es la ciega oposición a las barras y las estrellas lo único que motiva a Chávez? Ciertamente no. Hay un factor más importante aun, si bien más difícil de escudriñar. En la medida en la que el mundo se aleje de los combustibles fósiles, el gobierno de Venezuela irá viendo mermada su capacidad de sostenerse y sostener a sus 'aliados'. La estabilidad en el país caribeño es directamente proporcional a los ingresos que se reciben por vender petróleo. Si el mundo entero decide comenzar a usar autos eléctricos, energía solar, turbinas de viento, y demás fuentes renovables y no contaminantes de energía, el régimen chavista se verá imposibilitado para mantenerse en pie. Sobra decir que con eso, toda la izquierda radical en Latinoamérica perdería un buen pedazo de su fuerza.
Antes he dicho que independientemente de lo que se logre en Copenhague, todos debemos hacer a un nivel local e individual lo que podamos para detener y revertir el cambio climático. Esto tendría el gran beneficio de mejorar nuestra calidad de vida en general y de evitar que ecosistemas enteros se vean alterados irremediablemente. Ahora, hay un beneficio adicional: quitarle poder a Chávez.
A usar el metro y la bici. Venezuela nos lo agradecerá.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Copenhague: El Gran Panorama
A continuación les pongo la traducción de un artículo de mi amigo Henning Gloystein, especialista en temas de cambio climático y periodismo:
Con tantas abreviaciones y siglas, la estructura de negociación multinivel, y las agendas en continua evolución, es fácil perder de vista cual es el panorama grande (el 'big picture') en COP-15. Así que para revisar los principales temas mientras las pláticas informales a puerta cerrada continúan, démonos esta oportunidad para recordar cuales son los grandes temas:
1. Los Estados Unidos no van a acoplarse a Kyoto. Esa nunca ha sido la cuestión, en realidad, pero es importante tenerlo en mente dadas las posiciones del bloque del G77 de países en desarrollo.
2. La Unión Europea y otras naciones desarrolladas quieren que Estados Unidos se acople a un compromiso legal para reducir emisiones, pero eso, dado lo anterior, solamente ocurrirá bajo las negociaciones adscritas al AWG-LCA (Grupo de Trabajo Ad Hoc para acción conjunta a largo plazo).
3. La Unión Europea, Japón y otros países desarrollados prefieren una única solución vinculante que incluya a todos los países desarrollados, en vez de dos acuerdos paralelos. Esto es otro voto para la solución LCA.
4. Las naciones africanas quiere, sobre todo, un segundo periodo de compromiso que extienda el Protocolo de Kyoto, así que un único acuerdo (a menos que sea reciclar Kyoto) les es inaceptable. Su preocupación es que la insistencia de los paises desarrollados en traer a los Estados Unidos a un cuadro post-2012 a través del LCA signifique que Kyoto será hecho a un lado y desechado discretamente.
5. Con respecto a lo anterior, el G77 no es enteramente unánime en cuanto a esto. Algunas de las naciones que lo componen están de acuerdo en un acuerdo único.
6. Las propuestas de Tuvalu de una pareja de tratados es igualmente controvertida, pues llama a acciones voluntarias pero vinculantes por parte de los grandes países en desarrollo, al igual que un segundo periodo de compromiso bajo lo estípulado en Kyoto. Esto es lo que probablemente ha causado que el COP y CMP (las siglas bajo las que se manejan los acuerdos de Copenhague y Kyoto, respectivamente) hayan sido temporalmente suspendidos.
Lo que todo esto quiere decir es que un objeto inamovible (los Estados Unidos) se ha encontrado con una fuerza iresistible (el G77 y China). Para que se logre un avance en Copenhague, tiene que haber fuertes garantías para los países en desarrollo de que, sea lo que sea que surja del LCA, este será de una naturaleza legal y obligatoria. Hasta ahora, no las tienen, y es por eso que tienen tanta renuencia a abandonar el Protocolo de Kyoto.
¿Quién va a ceder?
Sospechamos que serán los países en desarrollo quienes tengan que bajar los brazos, pero será cobrandose un precio bastante alto. Si un tratado único es la única forma en que los paises desarrollados adoptarán mayores compromisos que incluyan a los Estados Unidos y las medidas voluntarias de las economías emergentes, entonces el G77 querrá ver un acuerdo concreto en Copenhague que de fechas para un acuerdo vinculante y ratificable el año próximo.
Una vaga declaración política que expresa una vaga intención de llegar a un acuerdo en un punto no específico del futuro será insuficiente, y aquí es donde los paises desarrollados tendrán que ceder un poco. Si quieren una transición de Kyoto a un nuevo tratado, van a tener que ofrecer garantías de que será tan vinculante como Kyoto, si no es que más.
Copenhague aun puede producir un mandato para un nuevo tratado como ese, pero por lo pronto la moneda está en el aire.
Henning Gloystein
Copenhague, 14 de diciembre de 2009
Cualquier comentario o mensaje, se le hará llegar al autor de manera directa.
Con tantas abreviaciones y siglas, la estructura de negociación multinivel, y las agendas en continua evolución, es fácil perder de vista cual es el panorama grande (el 'big picture') en COP-15. Así que para revisar los principales temas mientras las pláticas informales a puerta cerrada continúan, démonos esta oportunidad para recordar cuales son los grandes temas:
1. Los Estados Unidos no van a acoplarse a Kyoto. Esa nunca ha sido la cuestión, en realidad, pero es importante tenerlo en mente dadas las posiciones del bloque del G77 de países en desarrollo.
2. La Unión Europea y otras naciones desarrolladas quieren que Estados Unidos se acople a un compromiso legal para reducir emisiones, pero eso, dado lo anterior, solamente ocurrirá bajo las negociaciones adscritas al AWG-LCA (Grupo de Trabajo Ad Hoc para acción conjunta a largo plazo).
3. La Unión Europea, Japón y otros países desarrollados prefieren una única solución vinculante que incluya a todos los países desarrollados, en vez de dos acuerdos paralelos. Esto es otro voto para la solución LCA.
4. Las naciones africanas quiere, sobre todo, un segundo periodo de compromiso que extienda el Protocolo de Kyoto, así que un único acuerdo (a menos que sea reciclar Kyoto) les es inaceptable. Su preocupación es que la insistencia de los paises desarrollados en traer a los Estados Unidos a un cuadro post-2012 a través del LCA signifique que Kyoto será hecho a un lado y desechado discretamente.
5. Con respecto a lo anterior, el G77 no es enteramente unánime en cuanto a esto. Algunas de las naciones que lo componen están de acuerdo en un acuerdo único.
6. Las propuestas de Tuvalu de una pareja de tratados es igualmente controvertida, pues llama a acciones voluntarias pero vinculantes por parte de los grandes países en desarrollo, al igual que un segundo periodo de compromiso bajo lo estípulado en Kyoto. Esto es lo que probablemente ha causado que el COP y CMP (las siglas bajo las que se manejan los acuerdos de Copenhague y Kyoto, respectivamente) hayan sido temporalmente suspendidos.
Lo que todo esto quiere decir es que un objeto inamovible (los Estados Unidos) se ha encontrado con una fuerza iresistible (el G77 y China). Para que se logre un avance en Copenhague, tiene que haber fuertes garantías para los países en desarrollo de que, sea lo que sea que surja del LCA, este será de una naturaleza legal y obligatoria. Hasta ahora, no las tienen, y es por eso que tienen tanta renuencia a abandonar el Protocolo de Kyoto.
¿Quién va a ceder?
Sospechamos que serán los países en desarrollo quienes tengan que bajar los brazos, pero será cobrandose un precio bastante alto. Si un tratado único es la única forma en que los paises desarrollados adoptarán mayores compromisos que incluyan a los Estados Unidos y las medidas voluntarias de las economías emergentes, entonces el G77 querrá ver un acuerdo concreto en Copenhague que de fechas para un acuerdo vinculante y ratificable el año próximo.
Una vaga declaración política que expresa una vaga intención de llegar a un acuerdo en un punto no específico del futuro será insuficiente, y aquí es donde los paises desarrollados tendrán que ceder un poco. Si quieren una transición de Kyoto a un nuevo tratado, van a tener que ofrecer garantías de que será tan vinculante como Kyoto, si no es que más.
Copenhague aun puede producir un mandato para un nuevo tratado como ese, pero por lo pronto la moneda está en el aire.
Henning Gloystein
Copenhague, 14 de diciembre de 2009
Cualquier comentario o mensaje, se le hará llegar al autor de manera directa.
lunes, 14 de diciembre de 2009
En Copenhague
Hoy en la mañana, representantes de los países africanos abandonaron las pláticas de un grupo de trabajo en señal de protesta a los planes de los países desarrollados de desechar el Protocolo de Kyoto en favor de un acuerdo completamente nuevo, de acuerdo a la BBC y el Financial Times.
¿Que quiere decir esto? A grandes razgos, que los países en desarrollo, como las naciones africanas, Brasil, China y la India, quieren mantener el protocolo de Kyoto tal cual, con pocas modificaciones, y en específico las medidas que obligan legalmente a los países en desarrollo (esto es, los Estados Unidos, la Unión Europea, y otros países del 'primer mundo') a recortes en sus emisiones de carbono; estas medidas, bajo Kyoto, no se extienden a ellos. Si se llegara a desechar, Kyoto sería remplazado con un nuevo acuerdo que obliga legalmente a todos a reducciones en sus emisiones de carbono.
De nuevo, el viejo argumento de que 'ustedes contaminaron primero mientras se desarrollaban, ahora nos toca a nosotros y al demonio con las consecuencias, ustedes pueden limpiar su desorden.'
Aunque entiendo esta forma de pensar, debo decir que me sorprende, en particualr en casos como China y Brasil. La primera está embalada a convertirse en el líder mundial en tecnología limpia al paso que va, y obligarse legalmente a hacerlo únicamente lo haría oficial y solamente podría beneficiarlos financieramente, ya que otros países eventualmente comprarían turbinas de viento, páneles solares, y otras tecnologías limpias 'made in China'. Brasil, por su parte, es el líder mundial en la producción y uso de bioetanol, lo que le da una ventaja similar a la de los chinos en ese caso, y posee en la selva amazónica uno de los más grandes pulmones del planeta.
Entonce, ¿porqué esta necedad en oponerse a que se deseche Kyoto y se establezca un acuerdo más acomedido?
Las razones pueden ser variadas, y sospecho que en su mayoría políticas. Pero también creo que hay un miedo inherente a comprometerse a algo que pudiera estar más allá de la capacidad tecnológica actual de las naciones involucradas. A esto yo diría, no titubeen y adopten los acuerdos, y comprometanse a reducciones por debajo (muy por debajo) de los niveles de 1990. Es ciertamente la única forma de disminuir y comenzar a revertir el cambio climático. Y para adecuarse a una economía de bajo carbono, la innovación debe ser la consigna en los años venideros.
¿Y que pasa si no se llega a ningún acuerdo en Copenhague? My posición personal es que cada uno de nosotros tiene la imperativa moral de reducir nuestro propio impacto ambiental y exigir a nuestros líderes, a todos los niveles, que se haga todo lo posible por promover una economía ambientalmente amigable. Si nuestros líderes no lo hacen, como ciudadanos y electores, consumidores y empresarios, debemos avocarnos a ello. Curiosamente, esto va en el mismo tenor que esta campaña de Timberland. Para meditarse, sin duda.
Una coas es cierta: aquellos países que decidan declarar la guerra al cmbio climático y las emisiones de carbono cosecharán los beneficios de una economía de guerra, sin el daño moral que esta acarrea. La innovación siempre ha demostrado ser una de las fuerzas que empujan a la economía y uno de los factores que mejoran nuestra calidad de vida. Y aquellas naciones que aceptan y se avocan a esto no sólo ayudarán a combatir el cambio climático, sino que harán un muy buen negocio a la vez.
¿Que quiere decir esto? A grandes razgos, que los países en desarrollo, como las naciones africanas, Brasil, China y la India, quieren mantener el protocolo de Kyoto tal cual, con pocas modificaciones, y en específico las medidas que obligan legalmente a los países en desarrollo (esto es, los Estados Unidos, la Unión Europea, y otros países del 'primer mundo') a recortes en sus emisiones de carbono; estas medidas, bajo Kyoto, no se extienden a ellos. Si se llegara a desechar, Kyoto sería remplazado con un nuevo acuerdo que obliga legalmente a todos a reducciones en sus emisiones de carbono.
De nuevo, el viejo argumento de que 'ustedes contaminaron primero mientras se desarrollaban, ahora nos toca a nosotros y al demonio con las consecuencias, ustedes pueden limpiar su desorden.'
Aunque entiendo esta forma de pensar, debo decir que me sorprende, en particualr en casos como China y Brasil. La primera está embalada a convertirse en el líder mundial en tecnología limpia al paso que va, y obligarse legalmente a hacerlo únicamente lo haría oficial y solamente podría beneficiarlos financieramente, ya que otros países eventualmente comprarían turbinas de viento, páneles solares, y otras tecnologías limpias 'made in China'. Brasil, por su parte, es el líder mundial en la producción y uso de bioetanol, lo que le da una ventaja similar a la de los chinos en ese caso, y posee en la selva amazónica uno de los más grandes pulmones del planeta.
Entonce, ¿porqué esta necedad en oponerse a que se deseche Kyoto y se establezca un acuerdo más acomedido?
Las razones pueden ser variadas, y sospecho que en su mayoría políticas. Pero también creo que hay un miedo inherente a comprometerse a algo que pudiera estar más allá de la capacidad tecnológica actual de las naciones involucradas. A esto yo diría, no titubeen y adopten los acuerdos, y comprometanse a reducciones por debajo (muy por debajo) de los niveles de 1990. Es ciertamente la única forma de disminuir y comenzar a revertir el cambio climático. Y para adecuarse a una economía de bajo carbono, la innovación debe ser la consigna en los años venideros.
¿Y que pasa si no se llega a ningún acuerdo en Copenhague? My posición personal es que cada uno de nosotros tiene la imperativa moral de reducir nuestro propio impacto ambiental y exigir a nuestros líderes, a todos los niveles, que se haga todo lo posible por promover una economía ambientalmente amigable. Si nuestros líderes no lo hacen, como ciudadanos y electores, consumidores y empresarios, debemos avocarnos a ello. Curiosamente, esto va en el mismo tenor que esta campaña de Timberland. Para meditarse, sin duda.
Una coas es cierta: aquellos países que decidan declarar la guerra al cmbio climático y las emisiones de carbono cosecharán los beneficios de una economía de guerra, sin el daño moral que esta acarrea. La innovación siempre ha demostrado ser una de las fuerzas que empujan a la economía y uno de los factores que mejoran nuestra calidad de vida. Y aquellas naciones que aceptan y se avocan a esto no sólo ayudarán a combatir el cambio climático, sino que harán un muy buen negocio a la vez.
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