Hoy en la mañana, representantes de los países africanos abandonaron las pláticas de un grupo de trabajo en señal de protesta a los planes de los países desarrollados de desechar el Protocolo de Kyoto en favor de un acuerdo completamente nuevo, de acuerdo a la BBC y el Financial Times.
¿Que quiere decir esto? A grandes razgos, que los países en desarrollo, como las naciones africanas, Brasil, China y la India, quieren mantener el protocolo de Kyoto tal cual, con pocas modificaciones, y en específico las medidas que obligan legalmente a los países en desarrollo (esto es, los Estados Unidos, la Unión Europea, y otros países del 'primer mundo') a recortes en sus emisiones de carbono; estas medidas, bajo Kyoto, no se extienden a ellos. Si se llegara a desechar, Kyoto sería remplazado con un nuevo acuerdo que obliga legalmente a todos a reducciones en sus emisiones de carbono.
De nuevo, el viejo argumento de que 'ustedes contaminaron primero mientras se desarrollaban, ahora nos toca a nosotros y al demonio con las consecuencias, ustedes pueden limpiar su desorden.'
Aunque entiendo esta forma de pensar, debo decir que me sorprende, en particualr en casos como China y Brasil. La primera está embalada a convertirse en el líder mundial en tecnología limpia al paso que va, y obligarse legalmente a hacerlo únicamente lo haría oficial y solamente podría beneficiarlos financieramente, ya que otros países eventualmente comprarían turbinas de viento, páneles solares, y otras tecnologías limpias 'made in China'. Brasil, por su parte, es el líder mundial en la producción y uso de bioetanol, lo que le da una ventaja similar a la de los chinos en ese caso, y posee en la selva amazónica uno de los más grandes pulmones del planeta.
Entonce, ¿porqué esta necedad en oponerse a que se deseche Kyoto y se establezca un acuerdo más acomedido?
Las razones pueden ser variadas, y sospecho que en su mayoría políticas. Pero también creo que hay un miedo inherente a comprometerse a algo que pudiera estar más allá de la capacidad tecnológica actual de las naciones involucradas. A esto yo diría, no titubeen y adopten los acuerdos, y comprometanse a reducciones por debajo (muy por debajo) de los niveles de 1990. Es ciertamente la única forma de disminuir y comenzar a revertir el cambio climático. Y para adecuarse a una economía de bajo carbono, la innovación debe ser la consigna en los años venideros.
¿Y que pasa si no se llega a ningún acuerdo en Copenhague? My posición personal es que cada uno de nosotros tiene la imperativa moral de reducir nuestro propio impacto ambiental y exigir a nuestros líderes, a todos los niveles, que se haga todo lo posible por promover una economía ambientalmente amigable. Si nuestros líderes no lo hacen, como ciudadanos y electores, consumidores y empresarios, debemos avocarnos a ello. Curiosamente, esto va en el mismo tenor que esta campaña de Timberland. Para meditarse, sin duda.
Una coas es cierta: aquellos países que decidan declarar la guerra al cmbio climático y las emisiones de carbono cosecharán los beneficios de una economía de guerra, sin el daño moral que esta acarrea. La innovación siempre ha demostrado ser una de las fuerzas que empujan a la economía y uno de los factores que mejoran nuestra calidad de vida. Y aquellas naciones que aceptan y se avocan a esto no sólo ayudarán a combatir el cambio climático, sino que harán un muy buen negocio a la vez.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario