lunes, 21 de diciembre de 2009

Hugo Chávez, enemigo del clima

La conferencia de Copenhague llegó a su final. El proceso de dos años que comenzó en Bali ahora se ve extendido un año más y será en México donde las naciones busquen negociar lo que no lograron en Dinamarca. Los dos grupos de trabajo (el que buscaba extender el protocolo de Kyoto y el que buscaba un nuevo acuerdo que incorporara a los Estados Unidos) esencialmente fallaron al momento de llegar a un acuerdo.

Fue una intervención en los momentos finales de la conferencia por parte de un grupo de líderes de los mayores países emisores de carbono lo que impidió que COP-15 fuera un fracaso ignominioso. La aparición de un texto con el que estaban de acuerdo los Estados Unidos, China, la India, Sudáfrica, Brasil y una veintena de naciones más permitió a los organizadores de la conferencia cerrarla con un acuerdo calificado, el cual fue reconocido por los líderes de COP-15, pero que de ninguna manera fué adoptado.

Lo que sigue es la parte importante:

Dado que el COP opera bajo un mecanismo de consenso, cualquier oposición a una propuesta, así fuera de un sólo miembro, significa que su aceptación es imposible. ¿Quién o quienes se opusieron? Bolivia, Cuba, Nicaragua, el Sudán y Venezuela. Es bien sabido que el lider de este último país ejerce una singular influencia sobre los gobiernos de Bolivia y Nicaragua, y, en ausencia de Fidel, sobre el de Cuba. Así que Hugo logró detener algo que es necesario para la humanidad. No sólo para Venezuela, sino para toda persona que habita este planeta.

Durante los últimos años ha quedado claro que, al tiempo que el cambio climático cobra importancia en las diferentes agendas políticas, el debate en la Conferencia de Cambio Climático de las Naciones Unidas (CCCNU, el órgano detrás del COP-15) se ha alejado de una agenda medioambiental en favor de un discurso enteramente político.

Parte del problema fue el intentar hacer dos cosas a la vez: extender Kyoto por algunos años más al tiempo que se buscaba crear un acuerdo simultaneo y vinculante que amarrara a los Estados Unidos. La segunda parte hizo que la primera pasara a n plano secundario. Es opinión de por lo menos algunos asistentes a Copenhague que si el enfoque hubiera sido únicamente extender Kyoto, esto se habría logrado.

Pero el enfoque político que ha tomado esto le da un podio más al presidente venezolano para oponerse neciamente a cualquier propuesta de los Estados Unidos. Venezuela firmó y ratificó el Protocolo de Kyoto en 1997, dos años antes de que Chávez asumiera el poder como dictador. En aquel entonces no debe haber habido gran incentivo para rechazar el acuerdo. Pero hoy, al poder levantarse ufano y con sólo decir 'No' descarrilar lo más cercano a un acuerdo global sobre cambio climático, debe de sentirse la mamá de Tarzán.

¿Es la ciega oposición a las barras y las estrellas lo único que motiva a Chávez? Ciertamente no. Hay un factor más importante aun, si bien más difícil de escudriñar. En la medida en la que el mundo se aleje de los combustibles fósiles, el gobierno de Venezuela irá viendo mermada su capacidad de sostenerse y sostener a sus 'aliados'. La estabilidad en el país caribeño es directamente proporcional a los ingresos que se reciben por vender petróleo. Si el mundo entero decide comenzar a usar autos eléctricos, energía solar, turbinas de viento, y demás fuentes renovables y no contaminantes de energía, el régimen chavista se verá imposibilitado para mantenerse en pie. Sobra decir que con eso, toda la izquierda radical en Latinoamérica perdería un buen pedazo de su fuerza.

Antes he dicho que independientemente de lo que se logre en Copenhague, todos debemos hacer a un nivel local e individual lo que podamos para detener y revertir el cambio climático. Esto tendría el gran beneficio de mejorar nuestra calidad de vida en general y de evitar que ecosistemas enteros se vean alterados irremediablemente. Ahora, hay un beneficio adicional: quitarle poder a Chávez.

A usar el metro y la bici. Venezuela nos lo agradecerá.

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